
El Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) transmitió una laudable señal de equidad con la ratificación por otros siete años de cinco jueces de la Suprema Corte de Justicia. La decisión que beneficia a Justiniano Montero, Fran Euclides Soto, Anselmo A. Bello, Samuel Arias Arzeno y Rafael Vásquez coloca el criterio profesional sobre el sectarismo o intereses particulares en la evaluación de los de los magistrados. Si los jueces cumplen los requisitos morales y profesionales, además de desempeñar su labor con eficiencia, no quedaba más que ratificarlos sin importar sus ideas políticas o religiosas. La decisión despeja cualquier duda de que en la selección del presidente y los otros jueces de la Suprema Corte se ponderarán méritos para desempeñar las funciones. Aunque hayan ocurrido sus pifias, el CNM se ha caracterizado por la equidad en la elección de los jueces de las altas cortes. El Tribunal Constitucional y el Superior Electoral son buenos ejemplos de que el criterio profesional ha prevalecido en las evaluaciones. El CNM sabe, por demás, que el más ligero desliz detonará un escándalo en una opinión pública que está atenta al proceso.