
Los buenos oficios, que han sido establecidos como método de arreglo pacífico de carácter diplomático-político, consisten básicamente, en la intervención de una persona con reconocida autoridad moral, o un organismo internacional, o bien un tercer Estado ajeno a la disputa, que debe actuar con el propósito de lograr el inicio, o la reanudación, de negociaciones directas entre las partes en la controversia, pero sin intervenir en ellas, ni hacer ninguna propuesta para la solución del conflicto. Esto último correspondería al campo de la mediación.