Baja tensiones, pero intriga la humildad con que Trump acepta derrota republicana

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Entre los elementos más sorprendentes de la aplastante derrota del presidente Donald Trump en las elecciones de medio término sobresale la humildad con que el impetuoso gobernante aceptó los resultados. Con su actitud baja las tensiones. Al fin de cuentas el ambiente y las encuestas proyectaban una marea demócrata, aunque existían reservas sobre la dimensión del tsunami electoral. Los republicanos perdieron las dos cámaras legislativas e incluso bastiones tan tradicionales como Texas, Kansas, Carolina del Sur e Iowa. Conservaron por poco margen a Florida, pero Trump sufrió la humillación que para él representa la victoria de un musulmán en el Senado como el demócrata Abdul El-Sayed, de Michigan. Lejos de impugnar la victoria demócrata, como se temía, Trump aceptó los resultados con críticas a los candidatos republicanos. Dijo que si él hubiera estado en la boleta, el fenómeno no ocurriría. Aunque trate de desmarcarse la victoria demócrata fue un voto de castigo a su autoritario y caótico ejercicio del poder. Guerras como la de Irán y su costo inflacionario y en materia de seguridad, así como las violentas redadas del ICE están entre los ingredientes que alimentaron el descontento contra Trump. Es posible que en lugar de una confrontación que podría costarle el poder a través de un impeachment, el mandatario entienda, muy a su pesar, que no tiene más alternativas que la de negociar con la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes y en el Senado.

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