
En la John F. Kennedy con Ortega y Gasset, así como en otras intersecciones y vías aledañas el tránsito se convierte en un verdadero pandemonio cada vez que los agentes de la Digesett sustituyen los semáforos para dirigir a discreción el flujo de vehículos. Tan ocupados están en la tarea de detener y dar paso a conductores, que no se percatan, o no hacen caso, a los vehículos cuyos conductores se detienen en áreas restringidas a abordar o dejar pasajeros. Jamás la Digesett se ha dignado a justificar una práctica que contrasta con el desarrollo tecnológico, criticada por técnicos en transporte y conductores, que remite a un pasado que se creía superado. El caos, además de aumentar el consumo de combustible y demorar el desplazamiento,genera tensiones emocionales. Resulta hasta inconcebible que en un país que como medios de transporte cuente con recursos tan modernos como trenes, autobuses y teleféricos los agentes suplanten los semáforos en las intersecciones. No para mejorar, que fuera plausible, sino para anarquizar más el tránsito. Aunque no sea la intención. Mientras tanto abundan los vehículos estacionados en espacios prohibidos y los agentes parecen no percatarse de las violaciones en que incurren no solo motoristas, sino conductores de voladoras y vehículos públicos y privados.