
Santo Domingo Oeste, RD.- Avanzo entre el pasto maltratado y la tierra árida de Hato Nuevo, en Manoguayabo, sintiendo bajo la suela de mis tenis el mismo suelo donde miles de africanos esclavizados sufrieron a finales del siglo XVI. Ante mis ojos se levanta el Palacete de Palavé, una imponente mole de piedra, tapia y ladrillo que se resiste obstinadamente a desplomarse.